Story Telling, "Extrañamiento"
El extrañamiento
Estaba destinado a ello. Desde que empecé, lo supe. Supe que no iba a ser fácil, que mi lucha transcurriría ahí, en el terreno del cambiar cosas para obtener nuevas cosas. Preparaba oposiciones y deseaba aprobarlas para pisar un aula y ser un torbellino enseñante.
Lo primero fue fácil en comparación con lo segundo. Una tierra donde no sabían leer, hablar, pedir algo ni agradecer nada. Mi seño me decía, “un poquito, lo que sea, empieza”. Y empecé. Empecé a equivocarme:
Primero me formé, y me ilusioné. Probé, y nada. Me volví a formar. Volvi a probar y...nada. Y seguí y seguí y seguí formándome hasta estar saturado y nada. La cosa no mejoraba.
Sin embargo, mis jefes estaban muy contentos, me saludaban por la calle. Alguno me obsequió con un “gracias”. Los veo ahora, ya no son mis jefes, y me cuentan que tienen empleados que no les gustan, que no saben escuchar,... Ni mirar.
Me parece que mis jefes actuales son más exigentes. Por ello no ceso en mi empeño de mejorar.
MI declinante ciclo de formación-insatisfacción estaba a punto de comenzar de nuevo r en septiembre de 2014. Como cada año, navego por INTEF. A ver. Creatividad. Qué palabra más motivadora. Leamos. Me gusta. ¿me apunto?
Y me apunté.
Allí he conocido a mucha gente que me ha hecho sentir bien: mi tutora Carla, que me ha estrujado hasta poder sacar lo mejor de mí. Otra tutora llamada Blanca que es un referente en el aula. También están mis compañeros de grupo de trabajo, Javier y Carmina. Otros profes creativos, una monja muy moderna y sensata, un Sir inglés, …
Allí he aprendido a mirar mejor. También a escuchar mejor. Y a buscar mejor; de hecho, he encontrado algo muy valioso. Nunca podría adivinar la importancia que tendría en mi vida desde ese momento en que lo vi. Los que saben e esto lo llaman aplazamiento de juicio, y sirve para poner cordura en el proceso creativo en una de sus características de éxito: el proceso de divergencia y convergencia.
La verdad es que a mí siempre se me han ocurrido ideas para innovar en el aula, mejor dicho, para innovar en mi aula. Y no me refiero necesariamente a las TIC. Me venían a la cabeza. Era una especie de proceso de autodivergencia. Y luego a converger (todo esto sin saber que esto se llamaba así). al final seleccionaba, ponía en marcha y…. y pocas funcionaban, pocas me satisfacían. Revisaba, modificaba… Algo fallaba, algo me faltaba y yo no lo sabía. Pero ahora lo sé.
Así que, muy contento por haber encontrado el aplazamento de juicio, seguí avanzando en el curso con preguntas, retos y extrañamiento con el otoño. Sufrí, a veces: miles de matices, millones de posibilidades. Pero también disfruté.
He llegado a soñar con mi nuevo yo. Varias veces. Y tengo una cosa muy clara: voy a transformar el pensamiento en acción. Y vosotros lo vais a ver.

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