Reflexión sobre la dirección de un centro educativo

A raíz de las Reflexiones sobre la dirección de centros,  de Ángel Felpeto, publicadas en el número 4 de la Revista Docencia e Investigación de la UCLM, Año XXIX, Enero/Diciembre de 2004, 2ª Época, núm. 14 , https://ruidera.uclm.es/xmlui/bitstream/handle/10578/7961/Reflexiones_sobre_la_direcci_n_de_centros_.pdf?sequence=1&isAllowed=y considero que:
Si existe una idea dominante en el discurso trabajado, y que además está en consonancia con la formación que estamos recibiendo, es que de una buena dirección y gestión de un centro depende la calidad de la enseñanza que imparte y del servicio educativo que presta. En resumen: calidad es igual a formación y educación. De esta afirmación se desprende, inequivocamente, que es necesario un liderazgo pedagógico que, entre otros factores, debe:
 - Otorgar importancia a la formación y a la innovación.
 - Desarrollar una evaluación racional.
 - Empatizar hacia los errores y, a la vez, ser firme en la respuesta.
 - Asumir la importancia de la comunidad como ente generador educativo, por lo que la participación de la misma se hace necesario. Como dice el proverbio africano: "para educar a un solo niño hace falta una tribu entera".
 - Elaborar estrategias ante las familias para devolver la confianza en el claustro. Esto se puede llevar a cabo con jornadas de convivencia, tertulias literarias, cinefórum.
 - Recordar los derechos de los niños y sus familias.
 - Asumir que la disciplina forma parte del trabajo y que no ejercerla genera inseguridad y pérdida de confianza.
 - Recordar a los docentes sus obligaciones y objetivos. Por su puesto, esto se consigue predicando con el ejemplo, estableciendo unos claros protocolos de actuación y, por qué no, creando comisiones de trabajo donde también participe la persona que ejerce la dirección.
 Como apuntábamos más arriba, un liderazgo pedagógico se multiplica exponencialmente con la integración de la comunidad educativa que tenga repercusiones positivas en en el entorno. Es decir, abrir el centro al entorno. Pero, como bien señala el autor del texto, es necesario distinguir entre intervenir y participar. Buscamos esto último porque abre nuevas vías, es más enriquecedor, crea un vínculo con la realidad contextual y existe una mayor toma de conciencia del trabajo que se realiza, lo que conlleva esa necesaria confianza en los docentes. Otro aspecto importante de la transcripción trabajada tiene que ver con los problemas que impiden un normal desarrollo del proceso de renovación en los equipos directivos o en el cambio en sus competencias. Una de la s dificultades que se plantea tiene que ver con la conformación de los equipos de trabajo por la posible existencia de grupos de presión, ante lo que se ofrece el intento de integración de todos esos grupos en un equipo de trabajo. En todo este discurso sobre la función directiva existe un pilar básico que aún no se ha nombrado: el Proyecto Educativo de Centro. Y queda claro que tan importante es tener un Proyecto Educativo de Centro propio y realista, que sea más que un documento, como saber liderarlo, evaluarlo y readaptarlo.

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